De chico y vaya a saber dónde,
escuché la expresión “juez subrogante”.
No entendía qué significaba. Pero sonaba lindo;
como una comida exótica jamás probada. “Lástima que los jueces subrogantes
no se coman”, pensé alguna vez durante mi niñez. Sin buscar en el diccionario
-y a medida que pasaban los años- pude saber el significado de “juez”. Pero
siempre me faltó comprender el significado de “subrogante”. Algunas veces me
imaginaba que la condición de subrogante
hacía referencia a los zapatos bien lustrados; a los trajes impecables de los
actores de series norteamericanas que representaban a jueces y que yo miraba en algún viejo televisor.
En mi infancia sólo conocí a don
Urbano Sosa (QEPD) el juez de paz de mi pueblo. Era amigo de mi papá y un buen
hombre. Era juez, pero bajo ningún punto de vista se lo podía acusar, o darle
el mérito o elevarlo al rango de subrogante. Don Urbano era, como ya dije, un
hombre bueno y sencillo.
Juro que pasaron los años.
Supongo que la justicia –con quién nunca tuve trato- habrá erigido muchos
jueces subrogantes, con zapatos lustrados, trajes prolijos, cabellos
engominados, sueldos altos y secretarias solícitas. Supongo y me imagino, digo,
porque nunca tuve trato con la justicia.
Pero un día, en la televisión. un periodista dijo como al pasar:“… el juez subrogante, que es un juez
suplente….”
Casi me desmayo al oír esa revelación porque esa frase demolió mi castillo
mental armado durante
años de feliz ignorancia.
- ¿¡Suplente!? ¿Un juez
subrogante es juez suplente?¿Un sustituto?¿Suplente como una maestra suplente?- Grité sin
abrir la boca- Por qué puta no hablarán con un lenguaje más
sencillo- agregué con silenciosa ira.
Por qué no dirán las cosas de
manera más simple. Me pregunté muchas veces.
Hace poco -y debido a esa manía
que tengo de leer cualquier cosa escrita en la vía pública- encontré un
papelito que decía:
“Tal vez, si al juez reemplazante lo
llaman subrogante,
debe ser porque el discurso judicial es arrogante”
Como rima es muy mala. Como
explicación, es apenas un comienzo.
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